Que levante la mano quien, a lo largo de su vida, no haya visto algún bebé en un andador. Primos, hermanos, hijos… hasta nosotros mismos es probable que lo hayamos usado. Diríamos que forma parte de la estampa cotidiana de las familias con hijos. De hecho entre el 50 y el 77% de los padres se decantan por comprarlos. Incluso antes de empezar a gatear, muchos bebés ya deambulan por la casa sobre uno de estos andadores infantiles con la certeza —y comodidad— parental de que les ayudará a aprender a caminar antes. Lo cierto, es que es más bien todo lo contrario.

Un estudio realizado por el Centro de Investigación y Políticas de Lesiones del Hospital Nacional Infantil de Columbus Nationwide Children’s Hospital, en Ohio, Estados Unidos, entre 1990 y 2014 más de 230.000 niños de entre siete y quince meses fueron tratados por lesiones derivadas del uso de esos aparatos.

Los peligros no solo tienen que ver con el riesgo que conlleva que nuestro bebe tenga acceso a determinados accidentes como caídas por escaleras, quemaduras, alcanzar algún objeto que se lleve a la boca, etc., sino que además altera su motor natural de desarrollo.

primeros pasos

Pongámonos en antecedentes. Los andadores en primera instancia no fueron ideados para bebés sino para personas con movilidad reducida, bien por alguna lesión derivada de un accidente o por edad avanzada y por tanto deterioro de las extremidades. Es decir, personas que ya sabían andar, que no necesitaban desarrollar esta capacidad. No fue hasta años después cuando pasó a tener un cariz de juguete y se comercializó como herramienta para que los niños echaran a andar. Y en este punto llegaron los problemas.

Y es que si facilitamos que nuestro bebé se desplace sobre ruedines, sin apenas esfuerzo, estamos entorpeciendo el sentido mismo del desarrollo. Si el niño o niña no necesita poner de su parte para levantarse, mantenerse de pie y dar sus primeros pasos, le costará más progresar y ser autosuficiente. Distintos estudios afirman que es el propio gateo el que potencia que nuestro bebé se lance antes a caminar. Fortalece sus extremidades, desarrolla su percepción del entorno y de las distancias. En definitiva, propicia el uso de todos sus sentidos. Obligarlos a la sobreprotección del andador es saltarse etapas de su crecimiento y madurez. Dejemos que comiencen a caminar, cuando comiencen a caminar. Cuando estén preparados para ello.

tacatá

Tal y como indica Claire McCarthy, pediatra de atención primaria en el Boston Children’s Hospital y profesora adjunta de pediatría en la Escuela de Medicina de Harvard, evitar que nuestro retoño empiece a dar pasos por sí mismo es evitar que aprendan a sostenerse con su propio cuerpo. La seguridad y supervisión durante el paseo debe correr a cargo de nosotros, no del andador.

Y es por todo esto por lo que se promueve a viva voz su prohibición. Y no lo decimos nosotros, la prestigiosa revista Pediatrics así como la Academia Americana de Pediatría y la Asociación Española de Pediatría llevan años pidiendo la retirada de estos aparatos, cosa que en países como Canadá ya es una realidad.